De Soñar en Ecuador a Cumplir Sueños en Alaska: Mi Camino como Migrante Latina

Dejar mi país fue una de las decisiones más difíciles y valientes que he tomado. En Ecuador me formé como ingeniera ambiental, pero al llegar a Estados Unidos lo hice en un contexto completamente distinto: como au pair, viviendo con una familia y cuidando niños. Durante casi tres años trabajé como nanny y mesera. En ese tiempo, hubo días en que pensé que mi carrera quedaría en el pasado, que ese título y esa experiencia serían solo un recuerdo.

Llegué sola, con poco inglés y muchas dudas. Sin embargo, me propuse aprender el idioma lo más rápido posible. Cada conversación, cada error y cada palabra nueva eran un paso hacia adelante. Mejorar mi inglés no solo me abrió puertas laborales, sino que me dio confianza para moverme en un mundo completamente nuevo.

Al mismo tiempo, seguía estudiando. Terminé mi maestría con la sensación de que probablemente nunca ejercería en mi campo. Pero la vida tiene formas curiosas de sorprendernos. Empecé una relación, me casé, y un día llegó la oportunidad que había soñado en silencio: un puesto como ingeniera ambiental trabajando para el gobierno de una tribu en Alaska.

Ahí comenzó una nueva etapa. No solo estaba ejerciendo mi profesión, sino que estaba aprendiendo sobre algo que jamás imaginé: las comunidades nativas de Alaska, su relación con el medio ambiente, sus retos y su sabiduría ancestral. Cada proyecto, cada reunión y cada salida de campo se han convertido en una lección de vida y en una oportunidad para crecer profesional y personalmente.

Vivir en Alaska también despertó en mí otra pasión: la aventura. Este lugar es magico, un paraíso natural, y me propuse conocerlo. He explorado paisajes que parecen postales, aprendido sobre fauna y flora únicas, y me he enamorado de las diferentes estaciones, el verano lluvioso y el interminable invierno. Entre esos sueños cumplidos, estaba aprender a andar en moto. Lo que comenzó como un reto personal se convirtió en una forma de vida. La moto me ha regalado la oportunidad de aprender de muchas mujeres empoderadas, independientes y con un alma libre.

Esto me llevó a dar otro paso: abrir mi propia empresa para ayudar a viajeros en moto a explorar Alaska. Un proyecto que une mi espíritu emprendedor con mi pasión por las aventuras y mi deseo de conectar con personas de todo el mundo.

Mirando atrás, veo que mi camino no fue lineal ni fácil. Hubo muchos momentos en los que dudé, sentí miedo o pensé en rendirme. Pero la resiliencia se construye enfrentando las pruebas, y cada etapa, desde servir mesas hasta coordinar proyectos ambientales, fue un peldaño que me llevó a donde estoy.

Hoy, desde Alaska, sigo aprendiendo, explorando y construyendo. Ser migrante me enseñó que no solo cruzamos fronteras geográficas: también cruzamos fronteras internas, superando miedos y límites que alguna vez creímos imposibles. Si miro mi vida ahora, veo que los sueños que parecían lejanos se convirtieron en realidad: ejerzo mi carrera, vivo aventuras que antes solo imaginaba y creé un camino propio lleno de propósito y pasión.

Jackie Mcconell, Ingeniera ambiental con maestría en energías renovables, experiencia en manejo de proyectos, emprendedora, yogui, apasionada por la espiritualidad, creativa, aventurera y motera.

Instagram: @akmotomami

Author

Comparte este artículo: